La izquierda laicista o el ataque que no cesa III

Historia

Sin embargo, pasado el tiempo vimos como el Concilio Vaticano II, impulsó el cambio de paradigma, propugnando esa separación entre Iglesia y Estado, pero abandonando de una forma incomprensible la condena de la masonería, sin ninguna contrapartida por parte del laicismo beligerante, que no ha interrumpido en sus ataques despiadados y permanentes contra la Iglesia católica, institución santa fundada por Nuestro Señor Jesucristo, y que en palabras del cierto cardenal de París terminó aseverando: “Mirad si la Iglesia es de Cristo, que lleva caminado XX siglos por la historia de la humanidad a pesar nuestro”.

Esta significación de la Masonería como una sociedad que «maquina contra la Iglesia o contra las «potencias civiles legítimas» no se puede entender desde la óptica de la problemática planteada en Italia por la famosa «cuestión romana» o pérdida de los Estados Pontificios, pues va mucho más allá. Prueba  de ello es lo anteriormente expuesto, y por si quedase alguna duda sobre el particular.

Franjo Šeper (1905-1981) cardenal de origen croata de la Iglesia católica y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, mediante un documento fechado el 19 de julio de 1974, por primera vez desde la excomunión de 1738, la Santa Sede admitía públicamente la existencia de masonerías exentas de contenido contrario a la Iglesia y, por lo tanto, sobre las que su pertenencia no llevaba consigo la pena de excomunión. Se reconocía que la excomunión lanzada hacía dos siglos tenía su explicación y se debía entender que solo era válida, contra los masones de aquellas logias que obraran expresamente contra la Iglesia; «Por tal motivo se puede, con seguridad, aplicar la opinión de aquellos autores que mantienen que el canon 2335 afecta solamente a aquellos católicos inscritos en asociaciones que verdaderamente conspiran contra la Iglesia».

Más aún, en el nuevo Código de Derecho Canónico promulgado el 25 de enero de 1983, y actualmente en vigor, el canon 2335 fue sustituido por el canon 1374 que dice así: «Aquellos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan contra la Iglesia, serán castigados con una pena justa; aquellos que las promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho». Es decir, que ha desaparecido toda referencia a la “Masonería”, a la “excomunión” y a los que “maquinan contra las potestades civiles legítimas”, tres de los aspectos básicos que sólo tenían razón de ser en el contexto histórico de un problema concreto italiano del siglo XIX.

Sin embargo, el cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, (hoy Papa emérito Benedicto XVI), sorprendería a todos estos sectores, ad intra y ad  extra de la Iglesia católica, el 27 de noviembre de 1983, con una «declaración sobre las asociaciones masónicas», por la que se decía en síntesis que «permanecía inmutable el juicio negativo de la iglesia respecto a las asociaciones masónicas porque sus principios siempre habían sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia, por lo que la inscripción en ellas permanecía prohibida».

El Osservatore Romano, órgano oficial de la Santa Sede publicó el 23 de febrero de 1985, en primera página bajo el título: «Reflexiones a un año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Inconciabilidad entre la fe cristiana y la masonería».

Conviene saber que tanto la «Declaración» de 1983, como las «Reflexiones» de 1985, se inspiraron en un documento como fue, la Declaración que los obispos alemanes habían hecho pública el 28 de abril de 1980 contra la Masonería. Donde denunciaron el  relativismo y el concepto de la verdad en la masonería, las acciones rituales, la visión que los masones tienen del mundo. Sin poder hablar de la filosofía de la masonería, pues no tiene filosofía oficial, si bien a lo largo de la historia ha habido  filósofos masones como Lessing, Herder, Goethe, Fichte y Krause; pero con discursos y reflexiones que son radicalmente dispares entre ellas.. .

La Masonería, se ha autodefinido siempre, como una sociedad laica, con una finalidad filantrópico-cultural, que tiene un ideario de fraternidad universal y perfeccionamiento del hombre, lo suficientemente amplio y ambiguo en sus formulaciones para que tengan en ella cabida hombres de diferentes creencias y opiniones políticas, sin que esto suponga indiferentismo ni sincretismo, sino simplemente tolerancia y respecto con relación a la libertad de pensar y creencias de los demás. Es una asociación en la que tienen cabida todos los creyentes –es decir no pueden ser ateos–, sean éstos cristianos católicos, musulmanes, hebreos, budistas…¿Falacia?

(Continuará)

Juan Manuel Góngora Ramos                    

Periodista

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